¡Qué osado, Monsieur MONET! La revolución de los impresionistas

El pasado sábado 25 de febrero inauguramos formalmente el primero de los talleres monográficos Diálogos de artista que llevaré a cabo en Tejemaneje, un lugar singular, diseñado y decorado con un inmenso amor a lo artesanal por dos personas que tienen un aura especial, Geni y Nacho. A ellas les debo el haber podido encontrar el lugar donde soñaba llevar a cabo el que es, quizás, mi proyecto más personal.

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Y, de repente, ese día llegó. En efecto, llevaba ya años queriendo volver a rescatar esa vena mía de historiador del arte que un día se quedó por el camino. Nunca la he abandonado del todo, todo sea dicho, pero necesitaba que volviera de una manera contundente. Serán 5 talleres (por el momento), 5 talleres en los que nos aproximaremos a 5 figuras relevantes de la historia del arte moderno, así como a los movimientos artísticos a los que pertenecieron Monet, Cézanne, Picasso, Van Gogh y Matisse, por este orden.

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El primero de ellos tuvo lugar el sábado pasado, como ya he dicho. Me encantó volver a meterme en la piel de quien destapa algunos de los secretos de las obras de arte, es algo tan bonito poder compartir eso… El caso es que quise comenzar con la revolución que llevó a cabo un grupo de personajes desobedientes, que retaron a todo el sistema artístico imperante en la época, un auténtico Goliat casi imposible de derribar. Los impresionistas fueron unos valientes que lucharon por su nueva manera de ver el mundo.

Después de la introducción teórica, les tocaba a ellas, las participantes, “mojarse”, arriesgar el todo por el todo y aceptar el reto de enfrentarse a la naturaleza, prácticamente desnudas de conocimientos técnicos. Salimos “à plein air”, al aire libre, como hicieran los primeros impresionistas, a tratar de captar las impresiones de la luz solar en la huerta murciana mientras sentían el calor de la latente primavera en nuestras espaldas. Difícil para el primer día, lo sé. Chocante, casi rozando lo temerario. Ese era el primer reto que les lancé a aquellas personas curiosas. Y la experiencia resultó intensa, muy intensa. Aparecieron los miedos, las inseguridades y alguna que otra lágrima de impotencia. Pero también apareció la magia, la capacidad de sobreponerse, de superarse, y aquella energía sanadora de quien se dedica por entero a su labor, olvidando por un  tiempo que se encuentra en un momento y en un lugar concretos.

Para finalizar, volvemos a nuestro estudio por un día y colocamos nuestras obras delante de nosotros para admirarlas en silencio. Comentamos después lo vivenciado, nuestras angustias, nuestras satisfacciones, haciendo un homenaje al viejo maestro Monet.

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Cada una de las participantes se lleva sus propias lecciones aprendidas y sus propios interrogantes, incluso alguna herida abierta. Porque enfrentarse al blanco del lienzo no resulta nada fácil, porque no resulta nada fácil enfrentarse a uno mismo. Pero antes de eso, nos hacemos una foto grupal que quedará en nuestra memoria. Aquella preciosa mañana soleada que tratamos de sentir lo que sintieron aquellos personajes, aquellos desobedientes personajes.

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¿Te ha parecido interesante la experiencia que pudieron vivir ellas? Si te gustaría participar e inscribirte en el próximo taller, puedes hacerlo ya en http://www.tejemaneje.es.

¡En mayo nos espera CÉZANNE!

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Este sábado he estado en la cárcel

No, no es broma. Este sábado he estado realmente en una cárcel, concretamente en el Centro Penitenciario Murcia II de Campos del Río. Pero que nadie se asuste, no he cometido ningún delito, al menos que yo sepa…

Fui invitado por mi gran amiga y compañera María Ángeles Carnacea, actual responsable y delegada del Aula de Cultura que el colectivo Solidarios ha llevado a cabo en el corazón mismo de la cárcel. Una asociación de voluntarios, la de Solidarios, que dedica su tiempo, entre otras muchas cosas, a hacer algo más llevadera la vida de los internos acercándoles la cultura en todas sus formas y ámbitos: literatura, teatro, música, arte… Porque la cultura es una de esas cosas de la vida que merece la pena ser compartida con todo el mundo, especialmente con aquellos y aquellas que nunca tuvieron la oportunidad de encontrársela en su camino. Algo sin lo cual resulta casi imposible construir emociones, pensamientos y experiencias que hacen de la vida algo mucho más apetecible.

Precisamente esa fue mi labor durante las casi dos horas que estuve en el interior del complejo, facilitar que tanto aquellas personas como yo pudiéramos compartir la belleza del arte durante un tiempo breve pero, os lo puedo asegurar, muy intenso. No fue fácil. La presencia de aquel inmenso edificio que se levantaba ante mí era tan sobrecogedora que hacía temblar, estoy seguro, a cualquiera que iba allí por primera vez. Pero sin duda lo más impactante es entrar, cruzar una a una las innumerables puertas de seguridad en el interior de aquel monstruo de acero. Largos minutos que se hicieron eternos hasta que por fin llegué, acompañado por el simpatiquísimo equipo de voluntarios de Solidarios, al patio central donde pude conocer a gran parte de los internos, participantes del Aula de Cultura. sin duda el vínculo afectivo que ya se había creado entre mis compañeros voluntarios y aquellas personas fue lo primero que comenzó a enternecer la tensión que acumulaba mi cuerpo. El resto ya es historia. Un día que no olvidaré fácilmente…

Seguidamente, la entrevista que María Ángeles me hizo para dejar constancia de mi paso por el Aula de Cultura del Centro Penitenciario.

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Entrevista a Rafael Ibáñez

Arte y terapia. ¿Qué aporta el arteterapia en la intervención y el acompañamiento a colectivos en situación de exclusión social y de soledad?

Nuestra disciplina se centra principalmente en la tarea de facilitar que los participantes puedan expresar gran cantidad de material psíquico que jamás habrían podido sacar afuera sin la ayuda de la herramienta artística. Expresar las emociones problemáticas que se refieren a la exclusión o a la soledad y que acompañan a estos colectivos ayuda a que puedan compartirlos con otras personas y por tanto a conectar con otros seres humanos en aquello que nos hace a todos iguales. También ayuda a darle salida a determinados sentimientos conflictivos que podrán ser elaborados y trabajados una vez puedan ser exteriorizados.

Has estado recientemente en el Aula de cultura de SOLIDARIOS en el C.P. Murcia II, el 4 de febrero, ¿es la primera vez que tomas contacto con un entorno penitenciario? ¿Cuál fue tu primera impresión y qué impresiones te llegaron tras finalizar la actividad?

La experiencia fue tremendamente enriquecedorapara mí. Nunca había tenido la oportunidad de adentrarme en un centro penitenciario, por eso me sentí en cierto modo un privilegiado de poder cruzar esas puertas y relacionarme con los internos. La primera impresión fue muy impactante, lo reconozco, hizo que me hiciera muchas preguntas acerca de los prejuicios que todos tenemos en la cabeza sobre el mundo de las cárceles y los que se encuentran cumpliendo condena. Posteriormente la relación con los internos… ¿Qué puedo decir? Pocas veces he recibido tantas muestras de agradecimiento. Lo peor, sin duda, fue tener que volver a salir, dejar allí a todas aquellas mujeres y hombres a las que el arte llegó a emocionar durante un par de horas.

¿Cómo recibieron las personas internas tu exposición, tan cargada de emotividad?

Sin duda la cordialidad, el respeto y la emotividad presidieron aquel espacio. También el sentido del humor. Por mi parte, no tenía la intención de hablarles de nada demasiado complejo, sino de que simplemente pudieran disfrutar de imágenes y sonidos que han emocionado a muchas generaciones. Picasso, Frida Kahlo, Van Gogh, Judith Scott, Puccini… escenas de amor, de terror y de belleza eterna que, en definitiva, tenían un único propósito, el de hacerles pensar y sobretodo, el de hacerles sentir. Creo que lo que mejor resume aquella experiencia fue cuando, justo antes de dar por terminada la charla, todos juntos escuchamos el “Nessun Dorma” con Pavarotti cantando a pleno pulmón. Una vez terminada el aria, muchos internos se me acercaron para darme las gracias, uno en particular me dijo “gracias por haberme traído de nuevo al gran Luciano, hacía años que no había podido escucharlo”.

Queremos que regreses al Aula de cultura más adelante ¿te animas a repetir? ¿qué te ha sugerido en tu experiencia como arteterapeuta, lo que viviste y compartiste con las personas internas y nuestrxs voluntarixs, el 4 de febrero?

Por supuesto que quisiera regresar, en cuanto queráis volver a invitarme. Aquella experiencia reafirmó en mí la firme convicción de que la cultura es hoy más necesaria que nunca. El arte concede humanidad al ser humano, ¡por eso lo necesitamos! ¡Gracias a todos los voluntarios y voluntarias que me acompañaron aquel día!

Gracias Rafael, por acompañarnos en el Aula de cultura de SOLIDARIOS en el Centro penitenciario Murcia II. Esperamos volver a contar contigo pronto.

(https://aulaculturalsolidariosmurcia.wordpress.com/2017/02/17/entrevista-a-rafael-ibanez/)

Otro año más… UNIMAR!

El pasado miércoles volví a participar por cuarto año consecutivo en el curso Psicología positiva en el contexto escolar, social y familiar, organizado por la Universidad Internacional del Mar. No me cansaré de decir que los profesionales que participamos en este evento somos como una gran familia.

Juntos formamos un combinado muy heterogéneo, hay psicólogos, matemáticos, educadores infantiles, educadores especiales, cuentacuentos, payasos… todos ellos de una talla profesional y sobretodo humana soberbia. Me siento privilegiado de tener la oportunidad de compartir mis experiencias y contribuir a la formación de alumnos universitarios en temas tan trascendentes como la importancia de las emociones positivas en contextos sociales y familiares.

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Este año elegí un tema que me parece fascinante. Quise centrar toda mi atención en aquellas personas que, carentes de cualquier formación artística, son protagonistas de procesos creativos sorprendentes. Jean Dubuffet (1945) fue el primero en estudiar a estas personas, sobretodo pacientes psiquiátricos y otros personajes aislados de la cultura y la sociedad, y denominó art brut a todo aquello que hacían siguiendo únicamente el criterio “de sus propias profundidades”Adolf Wölfli o Séraphine de Senlis (la vida de la cual inspiró la película Séraphine de 2008) serían dos ejemplos muy ilustrativos.

En 1972 el crítico Roger Cardinal amplió el concepto de Dubuffet cuando afirmó que estas personas no podían estar fuera de la cultura ya que esto por definición resulta imposible. Todo el mundo está sujeto a los parámetros de una u otra cultura, por muy aislado que se encuentre. Nació entonces el concepto de outsider art.

Me interesa particularmente esta apreciación de Cardinal ya que opino que enseñar cultura, así como también participar de ella, es sumamente importante. Este es uno de mis objetivos prioritarios en los talleres que llevo a cabo en el Centro de día para personas con enfermedad mental de AFEMCE. La cultura te enseña a ser crítico, a conocer  y respetar nuestra propia historia, a ponerte en el lugar del otro, te enseña otros modos de pensar y de actuar. Todo eso es vital para nuestros chicos y en general para toda la sociedad del mañana. ¿Qué sería de nosotros sin cultura?

En mis talleres en AFEMCE viajamos a menudo, a la Roma imperial, a la casa de Ana Frank en Ámsterdam o al primer salón de los impresionistas. Viajamos virtualmente, claro, viajamos a través del tiempo. Pero también viajamos físicamente a exposiciones en nuestro pueblo para sentir de cerca la misterio de la creación. Un misterio que también hacemos realidad durante los talleres, cuando manipulamos los materiales artísticos. Nuestra fuente de inspiración la encontramos en el Creative Growth Art Center de California, un centro de arte que abre sus puertas periódicamente a personas discapacitadas para que trabajen allí libremente sus propios temas. Allí trabajó por ejemplo Judith Scott, un ejemplo paradigmático de lo que puede llegar a hacer una persona cuando la pulsión creativa más auténtica lucha por contrarrestar las más desgraciadas circunstancias vitales.

Hacia el final de mi intervención apareció una de mis pacientes de arteterapia, con la cual llevo trabajando bastante tiempo. No estaba allí físicamente, pero sí su alma bondadosa y creativa. Allí estaban algunas de las imágenes que había creado y algunas de las palabras que había escrito durante su proceso arteterapéutico para que hablaran por mí. No hay mejor ejemplo de lo que estaba deseando transmitir que ella misma. Una mujer valiente, con un pasado durísimo, que quiso enfrentarse a él para que al fin pudiera dejarle vivir en en el presente. Muchísimas gracias, Ch., por darme el permiso de poder enseñar tu gran sabiduría al mundo.

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No podía finalizar mi participación en este curso sin proponer una actividad práctica. Tocaba que los alumnos y alumnas asumieran el papel de artistas marginales por un rato y todos se pusieron a trabajar, entusiastas, con alambres y tejidos.

El amplio aulario universitario se convirtió entonces en un improvisado atelier artístico, donde todo el mundo quería realizar su pequeña obra de arte. Algunos de ellos incluso se animaron a compartir en voz alta aquello que habían vivenciado durante el tiempo de creación y juego.

Y así terminó ésta, mi cuarta participación en este curso tan especial. Un honor formar parte de esta familia de UNIMAR.

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Gracias a todos. ¡Hasta el año que viene!

Cuando el instinto despierta

No mentiría si dijera que hacía varios años que no gozaba de un periodo creativo tan fecundo. Mucho trabajo y pocas ganas de pintar. Estas son las dos razones principales por las que me explico a mí mismo el porqué de semejante sequía anterior. Sin embargo, al comienzo del nuevo año todo comenzó a cambiar. Pero vamos paso a paso.

En marzo decido retomar un trabajo que ya casi tenía olvidado. Un cuadro bastante grande al que decido darle un nuevo giro inesperado. Todavía hoy en día no estoy seguro de si está terminado del todo, pero al menos quedé bastante satisfecho.

Ahí estamos Inma y yo, frente a frente, desnudos y sentados en nuestro sofá. Una manta (una gran mancha azul) nos cubre parte del cuerpo. Esa manta nos protege pero también nos aísla, nos encierra. El marco también nos aísla, se trata de una habitación que no sugiere ninguna apertura hacia el exterior. Eso me preocupa. Sin embargo también se nos ve como esperando algo. Un presagio de algo que ha de venir.

En marzo también realizo un retrato de Inma en menos de dos semanas. Me sorprende semejante velocidad en mí. Está sentada en uno de nuestros sillones, se ha quedado dormida leyendo. Su rostro esboza una ligerísima sonrisa, como si estuviera soñando con algo agradable. Una mano se posa sobre el libro, la otra descansa sobre la barriga. Interesante detalle…

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Un mes más tarde me encuentro trabajando de nuevo en mi estudio. Inma también está, pintando su propio cuadro. Me parece algo tan curioso y bello que decido pintarla mientras trabaja, sin pensar demasiado. Los colores son suaves, rosa, azul y blanco. Me siento inspirado por el espíritu de Matisse.

Llega junio y nos vamos de viaje a Francia. Allí me empapo bien de arte y de impresionismo. También de luz y de color. Y también visitamos exposiciones. La de Van Gogh en Arles, la del impresionismo en el Caixafórum de Barcelona, la de Caillebotte en el Thyssen de Madrid… Estoy eufórico, creo que no tardaré en volver a pintar.

Ha llegado el verano. Uno de los veranos más plácidos que he tenido nunca. Cojo el montante y me voy todas las tardes a la casa de campo de mi familia. Allí no hay nadie, estoy rodeado por la naturaleza. Sin nada más que hacer que pintar “à plein air”, como decían los impresionistas. Pero mi foco de inspiración es otro, es el fauvismo, un estilo salvaje, con colores saturados. Centro mi atención en diversos motivos y comienzo a producir. Un cuadro y luego otro, y después otro, y más tarde otro. Termino cuadros cada dos o tres días, no puedo parar. Nunca me había pasado tal cosa: ¿qué me está pasando?

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Todos son diferentes pero parecidos. Unos respetan más la fidelidad del modelo. En otros prefiero no hacerlo y me tomo libertades, y aunque esto tampoco resulta fácil mi pincel no descansa.

16 de julio de 2016. Una fecha que nunca olvidaré. Estamos embarazados. Ahora entiendo todo, mi instinto había despertado. Ahora lo sé y le hago caso. Pinto con consciencia de lo que me había estado pasando todo este tiempo. Semejante vorágine debía tener una explicación. Yo, que soy muy de pensar con la cabeza, había estado sintiendo desde las tripas. Y esos colores habían salido al exterior.

Veo la primera ecografía de nuestro bebé. Te habíamos estado esperando y ya estás aquí. El médico dice que tienes el tamaño de un chanquete. Eres como un chanquete pero ya te quiero. Escuchamos por primera vez tu corazón. Sí, definitivamente eran mis tripas las que hablaban en esas imágenes. Y entonces pienso en hacer tu primer retrato.

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Cuando lo termino, me recuerda a una obra de Delaunay. Aunque mucho más rudimentaria, pequeñita e íntima. Envuelvo el cuadro y se lo regalo a mami por nuestro aniversario. Y días más tarde la vuelvo a pintar a ella. Está sentada en el banco del campo. La luz penetra por entre las hojas de las ramas que tenemos justo encima. El sol está por todas partes. Las sombras, de un rosa fuerte y un lila rojizo, se proyectan en todo, en el suelo, en el tronco del árbol, y también en mami. Ella descansa sus brazos en su vientre.

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Doy gracias a la vida por concederme este regalo. Y hasta que me sea permitido, pienso seguir documentando este proceso con mis pinceladas y garabatos. Pero sobretodo, pienso seguir sintiendo. Gracias, mi bebé, por hacerme sentir de esta manera.

La exposición del año

Ha tocado volver a Madrid. Ha tocado volver al Museo del Prado, esta vez para ir a ver la que es, sin ninguna duda, la exposición del año en España y muy probablemente en gran parte del mundo. La gran retrospectiva de El Bosco bien merecía el esfuerzo.

Como suele ser habitual en mí, aprovechamos también para ir a uno de mis museos favoritos, el Thyssen, y entrar a la exposición temporal de Caillebotte, un artista que perteneció a la generación primigenia de los impresionistas. Hace poco leí que había comenzado a estudiar medicina al ver que la Escuela de Bellas Artes de París no le había convencido mucho. Un día que iba con su barca por el río (le gustaba practicar deporte y participar en regatas) vio a un señor que estaba pintando en la orilla y que, al conocerlo, le volvió a picar el gusanillo de la pintura. Ese señor era monsieur Monet.

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Todo un descubrimiento, este Caillebotte. Compartía también con Monet su gusto por la jardinería, y eso se refleja en sus cuadros. Un pintor que adoraba tener su jardín privado, cuidarlo y luego pintarlo, como un buen impresionista de manual. Resulta muy característica la importancia que concedía a la perspectiva en su obra, quizás más que cualquiera del grupo.

Y como no podía ser de otro modo, entramos a ver también la colección permanente. Decir que me quedaría allí a vivir es poco. Sueño algún día con poder llevar a mis chicos de AFEMCE a que conozcan el Thyssen y su colección de obras que casi podrían servir de resumen perfecto de toda la historia del arte, desde la época medieval hasta nuestros días. Ahora mismo, lo que más me está interesando es precisamente el impresionismo y los principios del siglo XX, en especial el fauvismo y el expresionismo alemán. ¡Hay que ver cómo pintaba Kirchner! Ojalá algún día la señora Thyssen nos ofreciera una exposición de este grande del arte alemán…

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Y llegó el día de ver la expo del año en el Prado. El Bosco es uno de los grandes. Está Leonardo, Miguel Ángel, Rafael, Rembrandt, Velázquez… y por supuesto El Bosco. Y su obra, El jardín de las delicias, no solo es una de los grandes cuadros de la historia, a la altura de Las Meninas o La ronda de noche, sino también una de las más altas creaciones humanas. Y aún diría más, creo que, a excepción de dos o tres casos, nadie nunca ha tenido una imaginación tan extraordinaria ni adelantada a su tiempo. En fin, un caso único que atrae a millones de personas de todo el mundo a Madrid. Menuda suerte haber podido disrutarla…

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Una retrospectiva con toda su obra. TODA su obra. Algo increíble, sin parangón. Las salas abarrotadas de gente, como no podía ser de otra manera. Recuerdo que hace ya muchos años, más de quince, en el Saló del Tinell de Barcelona, admirando una exposición dedicada a Carlos V, tuve un momento “síndrome de Stendhal” en toda regla. Lo recuerdo perfectamente, y fue contemplando la obra La tentación de San Antonio de El Bosco (una de sus versiones). Me impactó tanto que me vi literalmente obligado a pintar mi propia versión del cuadro. Pues bien, ahora en Madrid me he vuelto a encontrar con esa misma tentación.

Exactamente la misma que contemplé paralizado en Barcelona.

Ya hemos vuelto de la Provenza!

Inma y yo ya hemos vuelto de nuestro viaje a la Provenza francesa, donde hemos tenido la oportunidad de hacer la “ruta de los pintores”, un recorrido único e irrepetible elaborado por nosotros mismos en el que hemos perseguido a los artistas más grandes de finales del XIX y principios del XX.

Van Gogh en Arles y Saint Rémy, Cézanne en Aix-en-Provence, Renoir en Cagnes-sur-Mer, Chagall en Saint Paul de Vence, Matisse en Vence y Niza, Picasso en Antibes, Mougins y Vallauris. Todo eso comlementado con la visita de algunos de los pueblos más bonitos de Francia: Les Baux-de-Provence, Gordes o Roussillon.

Todos los detalles de esta ruta los tenéis en el enlace de nuestro blog de viajes La Misma Cantinela:

https://lamismacantinela.wordpress.com/2016/06/03/provenza-y-costa-azul-con-olor-a-lavanda-y-oleo/

Hacía ya mucho tiempo que este era mi destino soñado. Mi motivación principal a la hora de visitar los lugares originales donde residieron estos personajes, era la de conocer más en profundidad a los hombre que hay detrás de los mitos, saber dónde y cómo vivían, de dónde venían y adónde iban, conocer el paisaje que motivó e inspiró sus creaciones.

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Pont Langlois (actual Pont Van Gogh) en Arles

La ciudad de Arles es fabulosa, bonita, animada. Hicimos la ruta Van Gogh, mapa en mano, visitando los lugares donde Vincent plantó su caballete en la ciudad. Y encima tuve la oportunidad de contemplar una exposición del mismísimo Vincent en la casi recién inaugurada Fondation van Gogh. 14 telas originales, algunas de ellas precisamente creadas allí mismo, en Arles. Y pensar que hace algunos años, cuando viajé a Amsterdam la primera vez, consideraba a Van Gogh un auténtico farsante… Hoy me parece uno de los grandes maestros del color y la composición.

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En la Fondation Van Gogh

Para colmo estuve en el antiguo sanatorio para enfermos mentales de Saint Remy, Saint Paul de Mausole, donde él mismo pidió, por seguridad suya y de los demás, ser internado. Incluso estuve en su misma habitación. Muy fuerte, tío… Lo más curioso del caso es que hoy en día es la sede de una asociación de arteterapia que trabaja con personas con enfermedad mental. El sueño de Van Gogh de crear una colonia de artistas, al fin hecho realidad, tal y como dicen los propios responsables de la asociación.

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Habitación de Vincent en St. Paul de Mausole

Aix en cambio fue otra cosa. Tenía las expectativas muy altas y el resultado fue bastante decpecionante. Suele ocurrir. Tuvimos mala suerte con la guía que nos acompañó en la visita a las canteras de Bibémus (el lugar donde, casi podríamos decir, Cézanne inventó el arte moderno…), una mujer que solo hablaba de geología en vez de centrarse en lo verdaderamente importante, que era por supuesto Cézanne. Una auténtica pena. Un mal comienzo que sin duda tiñó el día entero. Después visitamos el atelier y por último el Jas de Bouffan, quizás lo que más me gustó. Allí sí que tuvimos una buena guía. Al final nuestro día en Aix fue como al parecer era el propio Paul, huraño y con pocas ganas de hacer amigos.

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Naturalezas muertas originales que utilizó Cézanne, en su atelier de Aix-en-Provence

Llegamos a la Costa Azul. Un mundo muy diferente, sin duda. Antibes también decepciona, no su museo Picasso, fabuloso, un símbolo del carácter egocéntrico y omnipotente del maestro. También vimos su chapelle en Vallauris, el mural dedicado a la guerra y a la paz, no impacta demasiado. Lo que sí impacta, y mucho, es Chagall… Oh, Chagall… Eso sí es saber crear un universo personal e inigualable. El museo Chagall de Niza es absolutamente irrepetible, merece la pena llegar hasta Niza solo por ir a visitar el museo Chagall. No sucede igual con el museo Matisse, el cual nos encontramos medio vacío debido a unas obras de restauración. De Matisse también visitamos la famosa Chapelle du Rosaire, donde el maestro, ya octogenario, estableció sus principios artísticos de simplicidad y economía expresiva. Matisse, a pesar de lo rudo de sus figuras, siempre será el gran genio del color. Era tan absolutamente superior en ese aspecto, que podía permitirse el lujo de hacer el tonto con todo lo demás.

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Entrando en el universo Chagall, en la Fondation Maeght

Lo que es un capítulo aparte es la casa de Renoir en Cagnes-sur-Mer, Les Collettes. El último refugio de un hombre ya moribundo, absolutamente obsesionado con su oficio hasta tal punto de obligar a sus familiares a tener atados los pinceles con una venda a su mano. Cuando entré en su estudio principal, presidida por su silla de ruedas, me entró una suavidad en el alma, la misma que él tenía.

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Estudio principal de Renoir en Les Collettes

Y qué más puedo decir… Que ha sido un viaje de esos que todo amante del arte ha de hacer una vez en la vida. Yo ya lo he hecho, al menos una vez. Espero poder retomar esta “ruta de los pintores” cuando viajemos a Normandía a conocer el universo de Monet y de sus compañeros impresionistas. ¡À bientôt!